Intenté
entrar a Canadá un martes, volando al pequeño aeropuerto de Fort
McMurray, Alberta, esperando mi turno para pasar por migraciones.
“¿Qué
le trae a
Fort Mac?” me preguntó un funcionario de la Agencia de servicios
de frontera de Canadá . “Soy periodista’,” le dije. “Estoy
aquí para ver las arenas bituminosas”. Me señaló a seguridad
de frontera. Otro agente, un hombre alto, bien afeitado, me repitió
la pregunta. “Estoy aquí para ver las arenas bituminosas.” El
hombre frunció el entrecejo. “Querrá decir las arenas
petrolíferas. No tenemos alquitrán aquí.”









